Economía | El consumo de carne vacuna en la Argentina atraviesa uno de sus momentos más críticos de los últimos años. De acuerdo a los últimos datos del sector, el nivel de ingesta por habitante se ubica en el punto más bajo de las últimas dos décadas.
Según un informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes (CICCRA), el consumo aparente registró una caída significativa en el inicio de 2026.
En enero, la baja interanual fue del 13%, en un contexto marcado por la retracción del mercado interno.
El promedio móvil de los últimos doce meses se ubicó en torno a los 47,9 kilos por habitante al año, lo que consolida una tendencia descendente en el consumo de carne vacuna en el país.
Entre los principales factores que explican este comportamiento se destacan la suba sostenida de los precios y la pérdida del poder adquisitivo, que limitan la demanda interna.
En ese marco, el consumo se ve además condicionado por una menor oferta ganadera y cambios en la dinámica productiva.
El encarecimiento de la carne vacuna, que en el último año registró aumentos por encima de la inflación, impulsó también un proceso de sustitución hacia otras proteínas más económicas, como el pollo y el cerdo.
Este escenario refleja una transformación en los hábitos de consumo de los argentinos, en un contexto económico que continúa impactando de manera directa en la mesa cotidiana.
El precio de la carne también explica la inflación de febrero, que si bien se mantuvo estable aún es alta.
Según el INDEC, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) subió 2,9% mensual, sin cambios frente a enero, sin embargo, al interior del indicador persisten tensiones, especialmente en alimentos, donde las carnes y derivados marcaron fuertes incrementos.